Juan Carlos o Joan Carles, tanto monta, tras varios lustros con el collar sumiller y el catavinos a cuestas, decidió dejar la bodega de Can Fabes en manos de su joven sucesor, Antón, que ya llevaba tiempo preparándose para asumir el peso del collar y las llaves de una bodega que guarda preciosos tesoros púrpura borgoñones, bordeleses, castellanos, catalanes, oro líquido del Rin y de viñedos más exóticos, de allende los mares.
El soberano sumiller no se retira definitivamente, sino que se embarca en las aguas más plácidas de un restaurante barcelonés, donde le aguarda no una bodega, sino la sala entera, a sus órdenes. Buen viaje, pues, Don Juan Carlos I(báñez), rey de copas. Y larga vida a su sucesor.
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