
Regina Santamaria, Ivan Solà, Pau Santamaria, Xavier Pellicer
En una célebre carta, Santi Santamaria se dirigía así a Ferran Adrià: “Aunque hace muchos años que no he tenido el placer de comer en El Bulli, sabes perfectamente que respeto tu obra culinaria [...]. Por otra parte, viajando por el mundo me he encontrado con cocineros que repiten técnicas aprendidas en estancias en prácticas en tu cocina, como es el caso de Juan Amador en Fráncfort, en cuyo restaurante, recientemente distinguido con tres estrellas Michelin, me sirvió un menú de una gran precisión culinaria. En definitiva, es absurdo que algunos estúpidos vean y piensen cosas que no son y luego las trasladen al plano personal. Los dos sabemos lo duro que es encontrarse al frente de empresas rivales, con estilos diferentes, pero dirigidas al mismo mercado, en el que la repercusión de los medios resulta a veces desorbitada”.
Regina y Pau Santamaria habían ido a El Bulli de niños, e incluso habían dormido en un rincón de lo que hoy es —o por lo menos, lo seguirá siendo aún durante un par de semanas— uno de los comedores. Pero no habían vuelto. Y si algo tienen claro es que, para poder mantenerte entre los mejores, tienes que conocer y entender lo que hacen los que se encuentran en lo más alto. Por eso pidieron mesa en El Bulli. Bueno, por eso y porque, pese a las polémicas, a los malentendidos, siempre es más lo que une a la gente de las grandes casas que lo que las separa. Puede que ustedes no lo sepan, pero Joan Carles Ibáñez hizo el servicio militar con Ferran Adrià en Cartagena (y, al causar baja por lesión en el equipo visitante, le pidió a Xavier Pellicer que le entregara a Ferran una botella de Château Figeac, recuerdo de una cena con presencia de siete almirantes, siete). O que tampoco sepan de la amistad que une a Xavier Pellicer y a Ivan Solà con el equipo de cocina de El Bulli.
Cala Montjoi fue una fiesta con sabor a despedida. En la sala, un servicio impecable, con un acento gallego que alguien tomó por boliviano (!?). Magia en el plato, un viaje alrededor del mundo —secuencias japonesa y latinoamericana, caviar iraní, pollo al curry— sin perder de vista los pinos, almendros y avellanos del Mediterráneo. En las copas, un festival de acento francés, de la Champaña al Hérault, pasando por Borgoña, con incursiones en Alemania y Cataluña. En la terraza, Ferran aconsejó a Regina: “Tenéis que pensar dónde queréis estar dentro de diez años”. Al lado, un nutrido grupo de brasileños se mostraban pletóricos de entusiasmo. La casa invitó. ¿Dónde estaremos dentro de diez años? Vamos a pensarlo. Y vamos a intentarlo.
5 comentarios a "La semana en Can Fabes 4"
enorme! os salís del mapa! besos a cascoporro!
Queria mandarles un fuerte abrazo y darles las gracias por todo.
Ya que mi paso por Can Fabes fue realmente formativo por duro que me resultase, de verdad se lo agradezco mucho y tambien decirles que el otro dia fue para mi una gran ilusion verles en el Bulli,espero que les gustase.
Un fuerte abrazo!
Claro que es más lo que une que lo que separa. ¡Qué virtudes os enseñó vuestro padre y maestro! Y cómo las mantiene vuestra madre…
Como amigo, estoy emocionado de este ejemplo, contemplo la fotografía con gran satisfacción. Y miro al cielo por si se me cruza otra mirada.
En la terraza, Ferran aconsejó a Regina: “Tenéis que pensar dónde queréis estar dentro de diez años”. ¿Hay algún mensaje oculto? ¿Es una referencia autobiográfica? ¿Una amenaza? No se entiende muy bien sin glosa. En todo caso, seguro que ya han pensado en ello y habrán concluido que las circunstancias mandan tanto como la voluntad y los proyectos y que nadie sabemos dónde estaremos dentro de diez años, incluido Adriá, que se está labrando un mausoleo floral en los últimos meses.
Amigos, es hora de “atarse o apretarse los machos”, según el lenguaje de la tauromaquia, porque llega el momento de la verdad. Tenéis un gran legado, mucha gente que os apoya. Y, de acuerdo con Silvia, se me ocurre decir eso de “consejos vendo, y para mí no tengo”. Can Fabes es el mejor restaurante de España, lo digo tras cenar, y dormir, hace muy pocos días. Volveremos en otoño, la estación que Santi tanto adoraba.
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