En mi pequeña comarca natural del Baix Montseny, existe un microcosmos culinario cuya principal seña de identidad son las alubias del ganxet, que se cultivan y consumen en cantidades pantagruélicas. Estas y otras variedades han dado gloria a uno de los platos emblemáticos de la cocina popular catalana: la botifarra amb mongetes. Y debo reconocer que, cuando la butifarra es de buena calidad y las alubias son finas como la mantequilla, es un plato del agrado de locales y forasteros: las legumbres salteadas con tocino curado se caramelizan y su piel se vuelve de un rubio tostado, y en ese punto de elaboración, difícil de precisar, el cocinero llega a un instante de puro goce difícil de transmitir al comensal, porque su vista y su olfato se recrean en algo que ya no llega a la mesa. En fin, la cocina es un arte efímero, de metamorfosis, aunque a veces consiga dejar huella en quienes la elaboran y la comen.
Por lo menos a mí me deja huella cada vez que me siento a comer en una mesa como la del antiguo Estanc de La Batllòria, donde el sabor de los guisos, de las butifarras a la brasa, del delicado alioli, de la picada con la que se remata un plato de ternera con setas y el aroma del pan tostado de la chimenea me llevan a evocar la cocina de las madres de mi tierra, una cocina catalana servida sin jaleos mediáticos de esos que acaban por encumbrar cocinas que son escaparates de guisos “a la bolsa de vacío” o canelones “a la gran superficie”.
Uno de mis platos favoritos es, sin duda, el humilde sang i perdiu, a base de despojos, sangre y pulmones con alioli, un plato ya referenciado en La cuynera catalana (1843-1855). Y es que estoy convencido de que, sin menudillos, no existe la gran cocina, porque sin ellos no se entiende la cocina popular: unos riñones de cabrito cocinados con su grasa, un hígado de cordero rosado con cebolla, una coradella con patatas… El corazón de una ternera a la sartén puede ser el corazón, insisto, de una gran cocina.
En La Batllòria, ante este catálogo de sabrosos localismos, compartí mesa con mis admirados David de Jorge y Mikel Zeberio: David, cocinero de verbo claro y emotivo; Mikel, animador de cocinas con la bonhomía del que sabe y se sabe de vuelta de muchas cosas. Y una de las cosas que ambos saben es que la cocina es, en primer lugar, comida, porque, como ya he dicho y repetido, el paladar no tiene burladero. Y luego ya vendrán el goce o el sufrimiento del intelecto o el alma de cocineros y comensales.
5 comentarios a "Localismos que dan gusto"
cagonlaputa cómo lo pasamos en esa tasca! y antes qué festival en can fabes! que tengáis mucha salud, cocinéis como leones y nosotros lo veamos! por cierto, el corazón de ternera en la sartén está de muerte, pero guisado al vino tinto levanta a un muerto, qué bueno, redios! viva la buena cocina! gora sant celoni!
Viva la cocina de verdad! Esa cocina buena que Vdes. reclaman y proclaman!
Gora el Montseny y Viva Rusia!!
A sus pies siempre don Deivid de Locksley y don Santi Santamaria.
(Enhorabuena a los premiados)
Frijolitos!!!!!
Que ricos!!!
Gracias, Sr. Santi Santamaria. Como cocinero que soy, o al menos lo intento, le podría agradecer infinidades de conocimientos en técnicas culinarias, recetas, calidades de alimentos, etc.… Pero, en realidad, mi mayor agradecimiento, es por su manera de fomentar su localismo, nos enseña a los inmigrantes, a conocer la esencia, de este pueblo maravilloso, que es su cultura, creo que es una de las mejores maneras de integración. Muchas veces chocamos con la lingüística. No importa si leo su libro en catalán o castellano, el idioma tarde o temprano aparecerá. Lo verdaderamente importante es entender su manera de ser y su manera de ver la vida. Por más que muchos otros cocineros catalanes no compartan sus ideas, creo que es uno de los mejores exponentes de la cultura regional. Por esto y por todo lo que significa dentro y fuera de los fogones, gracias y gracias.
Hostia! Vaya trío: Santi, David y Mikel. Conocimiento, sabiduría y… un puntito de gula. Lo que daría yo por compartir mantel con semejantes gigantes gastronómicos…
Salud a todos. Ah! y felicidad (que se nos va olvidando)
Debate!