Estamos en plena temporada de guías, y no sólo en España: en Italia, por ejemplo, se preguntan cómo es posible que un restaurante que lleva dos años cerrado pueda mejorar de puntuación (concretamente, de 76 a 77 sobre 100) en una guía tan célebre como la Gambero Rosso 2010. Éste es el esperpéntico caso de la Antica Cascina Lenga, de Botticino Sera, cerca de Brescia, desde ahora mi candidato a mejor Restaurante Fantasma del Año.
La Antica Cascina Lenga cerró en 2007 debido a un incendio, pero ese detalle trivial debió pasarle por alto a la crítico de Gambero Rosso, Raffaella Prandi, que la incluyó en la guía en todas sus ediciones posteriores al desafortunado evento, con la mejora de puntuación ya anotada. Debo decir que yo he tenido la oportunidad de ver a la señora Prandi en acción, cuando escribió sobre mi cocina sin haberla probado porque se presentó sin ser invitada a mi habitación del hotel Palazzo Sasso de Ravello, en la Costa Amalfitana, donde yo agasajaba a un reducido grupo de amigos y críticos para subrayar la importancia de la intimidad en el disfrute de la comida, sobre todo hoy en día, cuando los cocineros somos a veces tan proclives a la cocina-espectáculo, con varias pasarelas-congresos en las que desfilamos exhibiendo nuestras últimas creaciones.
En fin, Raffaella llegó tarde y no se enteró de nada; como tampoco se enteró del cierre de la Antica Cascina Lenga. Es algo que suele sucederles a los que comen por los ojos y guiándose por lo que han oído más que por su propio sentido del gusto. Y claro, entonces surgen los críticos que puntúan restaurantes donde nunca han comido, o bien gourmets a quienes les parece legítimo hacerlo; de ahí a los restaurantes fantasma, no hay más que un paso. El director de la guía Gambero Rosso, Carlo Ottaviano, asaltado por las cámaras de la televisión, atribuyó la aparición reiterada de un restaurante fantasma en su guía a un error informático, cuando hubiera sido más fácil acudir al tan socorrido “errare humanum est”. Eso sí, Ottaviano insistía en que su guía es la más fiable y más vendida de Italia. Esto último, por supuesto, no se discute. Claro que, en la misma guía, se cantan las alabanzas de un chef puntuado con un notable 80/100, Gianni Brunelli, de la Osteria Le Logge, de Siena, fallecido hace más de un año; otro fantasma, pues.
Con las guías, como ya dije en su día al hablar de la Michelin, uno puede estar de acuerdo o no, pero lo mínimo exigible es que los críticos o inspectores hayan comido en los restaurantes que puntúan, como a los críticos de cine se les exige que hayan visto las películas de las que hablan, o a los de literatura, que hayan leído los libros que reseñan. Porque, de lo contrario, empiezan a aparecer fantasmas.

25 comentarios a "¿Existen los restaurantes fantasma?"
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Recibe hasta el apuntador. Pero sigue así, no te cortes, que es divertido. Me estoy leyendo tu libro y hoy, en un evento, me han sugerido que era mejor que no se viera :)
Estimado Santi:
Gracias una vez más por tener en cuenta mi opinión, aunque sea para ponerla como ejemplo de lo que no se debe hacer.
En todo caso, y por alusiones, me gustaría hacer una serie de puntualizaciones:
- Creo que es perféctamente lícito hacer un comentario sobre un restaurante en el que no se ha estado siempre que se haga bajo una serie de preceptos básicos, de los cuales el fundamental es dejar claro que no se conoce de primera mano y se hace por referencias.
Como sabes, soy historiador del arte por formación y por vocación y en ese campo me baso para atreverme con el tipo de comentarios que criticas. Tanto es así que, a pesar de que como sin duda sabes hay obras de referencia monográficas centradas en la obra de Picasso, a la que se han dedicado docenas de tesis doctorales -sin duda mucho más importantes que un escrito en un blog personal- como las hay, por ejemplo, dedicadas al análisis del románico europeo. Si tienes el dato me gustaría que me dijeses cuál de los estudiosos de Picasso ha tenido acceso a las más de 10.000 obras que el artista realizó en su vida, diseminadas en colecciones públicas y privadas (algunas, incluso, conservadas en cámaras acorazadas de acceso restringido desde hace décadas) en los cinco continentes. Un cálculo sencillo deja ver que visitando una al día, ese teórico experto tardaría unos 30 años en verlas todas, sin tener en cuenta ni los tiempos ni los costes de desplazamiento.
Siguiendo con el otro ejemplo, dime un solo especialista que pueda decir que ha visitado todos los ejemplos del románkico europeo, español o, por movernos a una escala más asumible, catalán o gallego. He trabajado durante un tiempo para una fundación, el Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real, dedicada de manera monográfica al estudio del arte románico. Y lo he hecho como especialista. Pues bien, en 10 meses dedicándonos a jornada completa, el grupo de investigadores de dicha fundación conseguimos visitar aproximadamente el 60% de los vestigios románicos de la provincia de A Coruña labor, por cierto, que se realizó entonces por vez primera y para la que tuvimos que realizar un catálogo actualizado. Así que no es difícil suponer que ninguno de los especialistas en románico catalán, español, francés o europeo ha visitado ni un porcentaje mayoritario de las obras que analiza en detalle. Y, como decía, les han dedicado monografía, artículos científicos, tesis doctorales y han conseguido con ellos plazas en las más prestigiosas instituciones académicas e investigadoras, cátedras, premios internacionales…
En resúmen, dado que lo que yo escribo en mi blog no pretende tener una validez ni remotamente similar creo estar en el derecho de expresar mi opinión ,tan válida al menos como cualquier otra siempre que, como digo, se hagan públicas las salvedades oportunas. Me costaría creer que le apliques a los textos de un simple blog el rigor que ninguna institución académica le aplica a sus miembros.
- Creo que en la actualidad los cocineros desarrollais, por fortuna, la mayoría de vuestra labor en las cocinas. Pero como sin duda sabes mucho mejor que yo, en la sociedad actual todos los cocineros de cierto prestigio recurren -recurrís- a los medios de comunicación para difundir vuestro trabajo, hacerlo llegar a más gente y, de paso -cosa perfectamente legítima- conseguir ingresos adicionales. Ya me dirás, si lo ves de otro modo, para que sirven vuestros libros, blogs, entrevistas, participaciones en congresos, dvds…
Cualquiera que lea vuestros textos, asista a vuestras charlas, os vea en televisión, os lea en internet o siga las noticias sobre vuestro trabajo tendrá, creo yo, algunos datos sobre lo que haceis. Salvo que todo lo que publicais y decís no tenga nada que ver con vuestra cocina.
Basándome en eso es como me he atrevido a decir en mi blog, en algunas ocasiones, que Joan Roca es un gran cocinero, como he hecho también con Santi Santamaría, cuya cocina tampoco conozco de primera mano. He leido libros tuyos, entrevistas, he asistido a alguna conferencia… y creía que con eso tendría derecho, al menos, a tener una opinión.
Es cierto, no he estado en el restaurante de los Roca. He leido varios de sus libros, he asistido a cerca de una decena de sus charlas públicas e, incluso, he podido hablar personalmente con Joan en dos o tres ocasiones. Pero por lo visto eso no me legitima para dar una opinión. Afortunadamente, en unas semanas iré finalmente a Can Roca, con lo que, entonces si, parece que podré hablar sin que nadie ponga lo dicho en cuarentena.
Pero, dado que he sido usado como ejemplo de lo que, según tú, no se debe hacer a la hora de dar una opinión, me gustaría que me dijeses si has probado todos los productos, técnicas y platos que vienes criticando en tus escritos e intervenciones públicas en los últimos tiempos (y con los que te vienes lucrando, cosa que, como he dicho, me parece perfectamente legítima pero que establece una diferencia entre nuestros casos que considero relevante) y, en su caso, cuándo. Es decir, me gustaría saber, por concretar, si todas esas técnicas, productos y demás que salen de las factoría El Bulli las has probado personalmente, si lo hiciste en su lugar de origen y de la mano de quién las creó y en qué fechas. El dato sería muy esclarecedor, ya que criticas mi modo de actuar en este caso ya que, como te comentaba más arriba, yo tengo siempre el cuidado de comentar cuándo hablo de algo de primera mano y cuándo toco de oidas. Lo otro sería engañar.
- Finalmente, y para no extenderme más, me gustaría dejar clara una cuestión. Creo que un gran cocinero lo es no solo por lo que sirve en las mesas de su restaurante sino también por sus aportaciones técnicas o conceptuales, por su labor de difusión, etc. Y en ese terreno, salvo que me indiques lo contrario, creo que estoy perfectamente legitimado para hablar de los Roca.
Para terminar, permíteme una última puntualización: a pesar de lo que comentas en tu texto yo no puntúo nunca el trabajo de otros. No lo he hecho nunca en el pasado ni lo haré en el futuro, ni el de los Roca, ni el tuyo ni el de nadie. Tengo mis opiniones, claro, y las hago públicas porque por suerte ese es un derecho que tenemos todos. Pero las hago públicas como tals opiniones y siempre desde el respeto a aquellos cuyo trabajo comento.
Agradezco tu interés por mis escritos y publico copia de la presente réplica en mi blog.
Un saludo
Totalmente de acuerdo con el gourmet.
Excelente replica y llena de razon.
Un saludo
Estimado Jorge:
Quisiera aclarar, de entrada, que tus opiniones siempre me parecen dignas de consideración, y te agradezco tu atenta lectura y tu bien argumentada respuesta, lejos de exabruptos y descalificaciones. Como he dicho y repetido machaconamente, éste es el tipo de debate que me interesa fomentar.
Yendo ahora al fondo de tus argumentos, creo que la analogía que tratas de establecer entre las artes visuales y la cocina tiene un punto débil fundamental: yo puedo hablar de Picasso basándome en mis visitas a los museos de Málaga, Madrid, Barcelona, París, Nueva York y Londres y un buen número de monografías especializadas (Zervos, Penrose, Palau i Fabre, Richardson) porque la bibliografía, además de completar mi conocimiento de primera mano del pintor malagueño, reproduce y analiza obras que yo no he podido ver. Y aquí el término clave es “reproduce”, ya que, si bien no he conseguido ver los cuadros en sí, puedo hacerme una idea de su aspecto gracias a las fotografías, aunque no sea lo mismo que verlas al natural, como tú mismo recordabas en un comentario a tu post sobre la lista de Restaurant y los hermanos Roca. Siendo la pintura un arte fundamentalmente visual, la fotografía nos permite hacernos una idea más que aproximada de dichas obras. Algo similar ocurre con la arquitectura: teniendo en casa los volúmenes de La Catalunya Romànica, podré tener una perspectiva de conjunto de la arquitectura del período que complementará mis visitas a un puñado de monumentos del románico catalán y a museos como el MNAC o los diocesanos de Vic y Solsona. Ahora bien, Jorge, en cocina entiendo que el sentido fundamental por el que debe guiarse toda experiencia estética es el gusto (suplementado por el olfato y el tacto), y así como la fotografía, el cine y demás artes visuales nos permiten alcanzar cierto conocimiento de otras artes más (pintura) o menos (arquitectura, “en la que los efectos de la luz, del recorrido del espectador, de la atmósfera, del entorno y demás hacen imprescindible conocerla in situ”) visuales, es imposible que nos transmitan los sabores, olores y texturas de los platos. Por lo tanto, tu analogía me parece que carece de validez.
Más aún, sostengo que ni siquiera un recetario permite conocer de verdad la cocina que se practica en un restaurante. La analogía, en este caso, podría trazarse con otra disciplina artística: la música. El recetario sería parecido a la partitura de un compositor, pero los cocineros, además de compositores, son intérpretes o, mejor aún, directores de orquesta: no es igual una sinfonía de Beethoven dirigida por Klemperer que por Von Karajan o Solti. Podemos disfrutar de las grabaciones de estos artistas, pero no hay CD ni DVD ni mp3 o mp4 en el que se puedan reproducir los sabores, olores y texturas que ejecutan las grandes cocinas.
Por eso, Jorge, supongo que estarás de acuerdo conmigo en que no tiene la misma solidez una opinión sobre una cocina que se basa en el conocimiento de primera mano (o primer paladar, si lo prefieres) que otra basada en información textual o visual (escrita, en vídeo, fotográfica, etc.): la cocina, insisto, no es un arte visual y no puede ni debe juzgarse con los mismos parámetros y elementos de apoyo que las artes visuales.
En cuanto a mis intervenciones públicas, algunas (muy pocas) más lucrativas que otras (mi blog, por ejemplo, me cuesta un buen dinero cada mes, y lo pago yo de mi bolsillo), prácticamente no las dedico a la crítica de restaurantes. Ahora bien, si hablo de técnicas, productos y demás que salen de la factoría de El Bulli o de otras cocinas tecnoemocionales es porque los he probado personalmente: sin ir más lejos, en La Terraza del Casino de Madrid, sentado en la misma mesa que Ferran Adrià, en el restaurante de Pierre Gagnaire (que colabora desde hace años con Hervé This) en París y en el restaurante Amador, de Juan Amador (cerca de Fráncfort, tres estrellas Michelin, discípulo de Adrià). No toco, pues, de oídas, ni engaño.
Para engaños, Jorge, te recomiendo que abras este enlace http://www.eurekakids.net/juguete/sentosphere-secretos-de-chefs/075271 y veas hasta qué punto la cocina tecnoemocional se está trivializando, poniendo en manos de niños aditivos alimentarios con la misma propaganda que utilizan algunos para sus aditivos: que son derivados de algas, naturales, que vienen usándose desde hace cientos de años, etc., etc. Uno siempre ha defendido que la alta cocina y la cocina doméstica deberían alejarse de los modelos de cocina preparada o frankenfoods de las grandes superficies (tú mismo has escrito algún post excelente sobre el tema), y ya ves, ahora lo empaquetamos como un juguete.
Por último, no deseo en modo alguno negarte el derecho a opinar sobre las aportaciones técnicas o conceptuales de chefs cuya cocina no has probado, porque es muy posible que sí hayas probado el resultado de dichas aportaciones. Ni tu derecho a juzgar la influencia de determinados cocineros en otros muchos campos (vino, libros de cocina, etc.). Eso es indiscutible. También es indiscutible que no puntúas restaurantes. Pero la gente no suele hacer las distinciones que tú haces en algunos momentos… y en otros, no; como botón de muestra, entre los comentarios a tu post, alguien dice: “yo sí creo que puedes tener una oponión formada de un restaurante sin visitarlo. Evidentemente no será lo mismo que si fueses, pero se aproxima mucho”. Y tú lo comentas diciendo: “Estamos de acuerdo en que se puede tener una opinión formada. Sin duda no equiparable a la experiencia directa, pero si suficientemente argumentada como para opinar porque, desde mi punto de vista, la opinión sobre un restaurante no debería basarse únicamente en los sabores o en los olores de lo que nos sirven. Creo que otros elementos, como su importancia en su contexto, sus aportaciones, su trayectoria, sus publicaciones, etc. puede ayudar a formarse un criterio. Al margen de que, además, creo que según se acumula experiencia se puede, a través de las descripciones, hacerse una idea aproximada. Sin duda no sustituye a la experiencia personal pero creo que, indicando que no se habla desde la experiencia directa, es perfectamente lícito opinar”. Ir a un restaurante con “ideas aproximadas” previas sobre el mmismo, Jorge, lo siento, pero me parece que es ir con prejuicios, en el sentido etimológico puro y duro (juicios previos).
Un cordial saludo,
Santi Santamaria
Interesante el debate que se plantea.
Empezando por el final, claro que vamos a los restaurantes con prejuicios. En más de una ocasión, Santi, tú te has lamentado del exceso de información previa con la que el comensal acude a la mesa. Carga inevitable, por otro lado, que acarrea cualquiera que tenga un cierto interés por la gastronomía. Calificarlo como prejuicio, con claras connotaciones negativas por más que se remita a su significado literal y etimológico, equivaldría a calificar como prejuicio todo el conocimiento que se pueda haber adquirido sobre –por seguir con el ejemplo– Picasso antes de ver el Guernica. Difícilmente llegamos a la mesa –o al museo– con cabeza y sentidos vírgenes. Es más, yo discutiría la solidez de las opiniones de alguien –la mía sobre Picasso, sin ir más lejos– que no tuviese cierto bagaje en la materia. Si es que aspiramos a ir más allá del “me gusta/no me gusta”.
Puestos a elegir, no sé si prefieres comensales que llegasen sin ningún conocimiento sobre ti, tu filosofía y tu cocina, y que podrían estar en tu restaurante o en cualquier otro.
En cuanto a la valoración de cocinas y cocineros sin haberlos conocido de primera mano, es una cuestión que a menudo me he planteado y para la que no tengo una respuesta clara. ¿Cómo juzgamos a los maestros del pasado, ya sea Escoffier, Bardají o alguno de los grandes de la nouvelle cuisine que por unas causas u otras ya no ejercen y no hemos tenido la fortuna de conocer?¿Tan efímera es la cocina que debemos renunciar a cualquier juicio más allá de una ventana temporal estrechísima? Evidentemente, una opinión será más rica cuanto más se haya experimentado la propuesta de un determinado cocinero, pero sí que debemos dar validez a opiniones fundamentadas en fuentes indirectas, ya sean libros, obras audiovisuales y, por qué no, crónicas de terceros de cierta solvencia.
Saludos,
Pedro Espinosa
Sí, me acuerdo bien de este post del Gurmet de Provincias. Mi comentario fue:
Siento deciros que esta discusión sobre como valorar la calidad de un restaurante sin comer en él es un tanto surrealista. Si yo en mi profesión siguiera los mismos principios, seguramente estaría en la cárcel. En cuanto a los rankings o clasificaciones, los británicos son muy aficionados a ello. No se cuantos restaurantes franceses aparecen entre los 50 primeros ni tampoco me interesa mucho, pero me atrevería a decir que quizás daría la medida de su objetividad. En fin, podeis continuar dando vueltas sobre lo que es arte y cocina sin llegar a ninguna parte porque en definitiva son cosas distintas. Sexo no es sinónimo de amor.
Enric
De todas formas ya estamos acostumbrados a los sofismas de este blog que hace tiempo que ya no sigo.
Completamente de acuerdo en que no se puede opinar sobre lo que no se conoce. Lo he escrito en varias ocasiones en mi blog y lo sigo manteniendo.
Opina sobre restaurantes a los que no ha ido, y su cocinero favorito es uno al que sólo ha visto en una ponencia: http://cocinaconilusion.blogspot.com/2009/11/entrevista-express-jorge-guitian.html
Tampoco creo que sea cierto que ha visto una decena de veces a los Roca, como mucho tres o cuatro. Y muchas de sus “opiniones” son escuchadas a terceras personas y hechas propias sin ningún tipo de complejos.
Simplemente escandaloso.
Alfonso:
Me sorprende ver cómo sabes cuántas veces he ido o dejado de ir a determinados restaurantes. De todos modos, y aun a riesgo de caer en el absurdo, entraré en el juego solo por esta vez. En mi restaurante preferido, según digo en la entrevista que enlazas, Restaurante Solla (Poio, Pontevedra) he estado, si no recuerdo mal, al menos cuatro veces. Súmale las veces que he probado platos suyos en otros eventos y creo estar en mi derecho de afirmar lo que afirmo.
Si te refieres a mi alusión a Ángel León, al que aludo como cocinero, te diré que no he estado en su restaurante pero que no solo he probado alguno de sus platos sino que lo he visto en alguna ponencia y, es más, además de conocerlo en persona mantengo correspondencia via email con él, con lo que creo que puedo decir que lo conozco algo como cocinero, es decir, en cuanto a sus planteamientos y opiniones. Habrás notado en tu atenta lectura de mi entrevista, que no aludo a sus platos, sus restaurantes o a una sola de mis recetas. Incluso puede que te preguntaras a qué viene esa distinción entre el restaurante que más me gusta y el cocinero que más me interesa. POr si acaso, te lo aclaro: el restaurante lo elijo, obviamente, entre los que he probado. El cocinero, entre aquellos cuyo planteamiento me interesa.
Y ya por terminar de rozar el surrealismo te haré un listado de las veces que he visto ponencias de los Roca, dato que sorprendentemente veo que también manejas:
- Jordi Roca: Forum Santiago 08
- Joan, Josep y Jordi Roca: Forum Girona 09
- Josep y Jordi Roca: Taller Forum Vino. Girona 09
- Joan Roca: Navarra Gourmet 09
- Joan Roca: Andalucía Sabor 09
- Joan Roca: San Sebastián Gastronomika 09
- Josep Roca con Juli Soler, Ferrán Centelles, David Seijas y César Cánova: San Sebastián Gastronomika 09
- Josep Roca: Sección Off de San Sebastián Gastronomika 09
De acuerdo, lo acepto, salen solo ocho. Espero no haber incurrido en sofisma una vez más.
Todo lo demás, por supuesto, es discutible.
Para terminar, y por eternizarnos en el debate, sugeriría darle un vistazo a las entradas “opinión” o “comentario” del diccionario RAE.
Para terminar, únicamente añadir que estoy de acuerdo con Miguel Vila en que no se puede opinar sobre lo que no se conoce. Ojalá todos siguiésemos esa máxima.
La guía de este año (da igual cual de ellas) se ha comprado por que es “la nueva”. Los guarismos, o símbolos, que acompañan a cada restaurante puede que se repitan respecto de la del año anterior, pero sin embargo, en teoría, obedecen a una nueva evaluación y, por lo tanto, se corresponden a una nueva visita por parte del inspector de turno, que puede que sea uno diferente al del año precedente. Es lo que se supone en esta transacción comercial. Sin embargo la realidad parece indicar que las cosas no funcionan así. De ello hay muestras. Hace ya años (2001), para el crítico de La Stampa, Edoardo Raspelli, habían cuentas que no le cuadraban: era imposible que los pocos inspectores que la Michelin poseía en Italia (8, de los cuales daba nombres y apellidos) pudieran abarcar, para su inspección, la totalidad de los restaurantes y hoteles que en ella aparecían (8000). “Miracoli non ne possono fare”, comentó Raspelli. Un tiempo después, la dirección de la Michelin retiró su primera edición belga porque en ella aparecía un restaurante que aún no había abierto sus puertas al público. Tiendo a pensar que demasiados “errores humanos” no deben transformarse en la cara amable de una repudiable práctica empresarial consistente en producir una información que supera la realidad. Posiblemente un producto elaborado en base a un presupuesto económico que no da para cubrir las expectativas que dice ofrecer.
El restaurante no visitado y el inspector que trabaja desde “casa”, se proyectan en la guía como elementos virtuales, y la editorial vende, en parte, una farsa. Se trata de un fraude en el que cae atrapado el comprador instrumentalizado por el morbo estacional que supone la cacareada incertidumbre en el ir o venir hacia los diferentes escalafones del estrellato por parte de muchos cocineros o restaurantes. De este juego impúdico (en el que el vendedor pone las normas y solo él puede interpretarlas, con el consentimiento del resto de los jugadores) forman parte demasiados actores del universo gastronómico. Demasiadas conveniencias (¿y connivencias?) mantienen el juego de la indecencia a la vez que se invoca la honestidad de la que cada uno hace gala en el ejercicio de su oficio. Esta fiesta es el consumidor quien la paga, es quien más pierde en la farsa mercantil. Paga creyendo que es informado, pero lo que consigue es el mantenimiento de una poderosa e impune nomenclatura cultural, dedicada a vender sensaciones acontecimentales.
A la polémica Santi/Gourmet se le pueden encontrar varios enfoques; con ello no descubro nada. De una primera lectura deduzco que en algunos aspectos la distancia entre los dos es casi inexistente y, sobre todo, a los dos les une la nada despreciable intención de no engañar.
Resulta poco agradable tener que leer sobre si se estuvo o no en el lugar del “crimen” para deducir de ello la calidad de la opinión. Haber estado en el lugar de actos no garantiza la calidad del conocimiento, nada dice de sus carencias, de cómo está articulado, ni tampoco de las representaciones del comensal. Aunque a algunos les parezca una nimiedad me parece un grave error propiciar esta contribución involuntaria a la apología de una sociedad vigilada.
Pregunta Gourmet “si has probado todos los productos, técnicas y platos que vienes criticando en tus escritos e intervenciones públicas en los últimos tiempos”. Entiendo que el plato es la expresión acabada de la suma de productos y técnicas empleados, es la representación de muchas cosas, la construcción de categorías, un marcador social; que el plato esté bueno o malo, equilibrado estéticamente, incluso que sea correcto nutricionalmente no deja de ser una construcción social que pone en entredicho el axiomatismo, y los estereotipos, de los que parece nutrirse nuestro local-universo-gastronómico, por no querer reconocer que todo conocimiento es limitado y que toda información es parcial, produciendo, las más de las veces, apuestas en vez de opiniones. Por lo tanto, la aproximación cognitiva a un plato siempre será incompleta, simplificada en ocasiones, máxime cuando existe la tendencia a la compartimentación de saberes. El tema, hoy día, se complejiza y se hace menos mensurable, si cabe, en tanto en cuanto no se acude a determinados restaurantes para realizar un acto vital, a saciar un gusto de necesidad, sino de lujo; poniendo así de manifiesto, privada o públicamente, una distinción social que condicionará nuestra opinión.
Visto así, ni productos ni técnicas, por separado, aportan algo gastronómicamente. Es decir, el producto, aisladamente, puede tener un gran valor nutricional, pero no gastronómico. Del mismo modo que un euro que no circula no crea capital, una nota sola en un pentagrama solo será un sonido, por muy armónico que éste revele.
Para una persona con cierta formación gastronómica el dato de “haber estado” o no, según se enfoque la discusión, puede ser irrelevante. Para el análisis contrapuntístico o armónico de una obra musical no se precisa de la asistencia a un concierto. La presencia de algunos, mañana y tarde, en restaurantes diferentes donde ingiere larguísimos menús, que les obliga a hacerse acompañar de un bloc de notas para acordarse de lo que come, sugiere muchas cosas menos la iniciación de un proceso de incorporación.
Demasiados elementos que se acumulan en el actual discurso gastronómico al uso postmoderno parecen alejarnos de la función que según Brillat-Savarin debería ejercer la gastronomía, para lanzarnos de cabeza a lo que Adorno y Horkheirmer llamaban la “ausencia de finalidad”. La gastronomía ha ensanchado tanto sus contornos que quizás habría que ir pensando en cambiarle de nombre.
“Para una persona con cierta formación gastronómica el dato de “haber estado” o no, según se enfoque la discusión, puede ser irrelevante”.
No es irrelevante, es fundamental. No se puede hablar de la cocina de un restaurante sin haberla probado. No hablamos de música, no hablamos de escultura, hablamos de utilizar el sentido del gusto, es decir, no usamos la lengua, ni el paladar, ni el olfato para contemplar un cuadro, o escuchar una ópera, pero para “saber a qué sabe” una cocina hay que masticar, oler y saborear.
Repito, en mi opinión, es fundamental haber vivido una experiencia en el restaurante para poder hablar “con conocimiento” cómo es su cocina y el oficio de los cociner@s. Otra cosa es que, basándote en publicaciones y críticas ajenas, consideres que ha de ser interesante, pero esto, para mí, es como los periodistas que hablan del frente de una guerra estando a 300km. Tan sólo puedes hablar que, según lo visto, “parece” que esa cocina es…
La “calidad del conocimiento”…., ¿quién la determina?¿Cómo? Cada cliente puede tener su propia experiencia y sentir o padecer delante de una mesa dependiendo de sus gusto. ¿Un crítico o bloguero tiene un mayor criterio? No lo sé, depende de la formación, aunque ¿quién dice que me tiene que gustar el Gernika? Otra cosa es que se diga que eso es de un estilo u otro, que marcó una tendencia, que significó tal o cual, la trayectoria del pintor,…… ¿Pero en cocina? Para valorar una cocina de un restaurante hay que haber comido en ese restaurante, no se puede decir, sin aplicar aquello tan manido del “presuntamente”, que una cocina o un restaurante es maravilloso, precioso y su cocina deliciosa o un desastre.
Siempre defenderé que la diferencia entre un crítico y un ciudadano de a pie, con blog o sin él, es que éste no va a los sitios “obligado” por la faena encomendada, acude por capricho ya sea por tomar croquetas o esferificaciones. Es por lo que quien prescribe en esto de la gastronomía ha de hablar de gusto personal, no de gusto en general. A partir de ahí y tras años se conseguirá, o no, tener “predicamento”, eso sí, aplicando una regla fundamental: honestidad.
Saludos
Santi, esto seguro que te interesa: Ya se ha cerrado el interesantisimo debate en el The Economist sobre el papel del Estado en política alimentaria http://bit.ly/5T8qSB
De lo que escribes Jesús entiendo que:
1- Las guías gastrónomicas contienen información fraudulenta.
2- Que haber comido en un restaurante no garantiza un juicio justo.
3- Que el conocimiento de algo siempre es incompleto.
4- Que se puede tener cierto conocimiento a priori, es decir sin experiencia.
5- Que todo esto se está tornando demasiado complejo y que ya no estamos hablando verdaderamente de gastronomía.
Sobre lo primero, no tengo otra cosa que escuchar las pruebas que se ofrecen y todo parece indicar que hay cierto trapicheo.
De lo segundo, estoy completamente de acuerdo, pero esto no invalida que para poder establecer un juicio hay que conocerlo. La mejor manera de conocer un restaurante es visitarlo, no sólo por su cocina sino tambén por su ambiente, servicio y estilo por poner ejemplos. Otras aproximaciones deben ser deben ser advertidas al receptor del mensaje por incompletas y parciales.
El tercer punto es un axioma y por lo tanto discutir sobre ello es innecesario.
El cuarto es para los enamorados de Kant, pero está claro que comer es una actividad empírica y que cualquier juicio a priori es un ejercicio intelectual complejo incluso para chefs muy experimentados. La analogía musical es poco útil porque los recetarios no son partituras y los comensales son a la vez interpretes mas que sujetos pasivos.
El último punto es para mí el más interesante, porque la gastronomía es una actividad de conocimiento a través de los sentidos, una forma especial de aproximación al mundo y por lo tanto es parte del discurso filosófico.
Para complicar mas las cosas, recientemente se ha publicado un libro titulado “Catching Fire. How Cooking Made us Human”, por Richard Wrangham cuya hipótesis es nada más y nada menos que algo como cocinar es responsable de podamos pensar. Es metagastronomía.
Saludos,
Pingue
En una situación normal, expresarse en los términos en los que usted los hace, qué duda cabe que tiene su lógica. Pero, verdaderamente, ¿vivimos en una situación normal? ¿Acaso no andamos algo perdidos en una inmensa cacofonía alimentaria en la que algunos no saben lo que dicen pero sí lo que venden? ¿Ante un nuevo panorama gastronómico no convendría modificar el sentido de la mirada?
En los últimos años se ha podido ver de qué manera crecen en el campo gastronómico fenómenos, actitudes, comportamientos, aparentemente dispares, que nos eran desconocidos. Es seguro que algunos de ellos ya venían gestándose desde hace tiempo auque lo ignorásemos. La sociedad consumista ha sido el abono propiciatorio, o el detonante, para la emergencia con fuerza de esos elementos que han venido distorsionando el paisaje de la restauración pública, al menos la que aparece como hegemónica.
Si admitimos como cierto el aforismo según el cual “no sabemos lo que comemos”, ¿cómo “la experiencia en el restaurante” nos permitirá desentrañar los misterios de lo que comemos?
Si, como dicen abiertamente algunos cociner@s, a su restaurante no se va a alimentarse, ¿en qué deriva la función del comensal? ¿Deberá la Real Academia de la Lengua suprimir la definición según la cual comer es “tomar alimento”? ¿Será, a diferencia del grupo argentino Les Luthiers, que usan cualquier cosa para emitir música, que el cocinero utiliza los utensilios culinarios y una herencia cultural para producir cualquier cosa, algo que no fue concebido por ésta y que no se sabe lo que es: OCNIS?
Nuestra época, en la que el consumismo hilvana todas las propuestas de la gastronomía postmoderna, recurre al artificio de la probatura (de la democracia), para mejor someter al comensal.
El escamoteo del producto, su pérdida de protagonismo en ocasiones. La infantilización de las relaciones entre cocinero y comensal. Los guiños al conductismo. El desplazamiento de la función del cocinero para permitir la entrada en su espacio de otros actores que ejercen con mayor jerarquía estatutaria. El cambio del valor social de una profesión por el valor mundano. La claudicación para favorecer el valor de cambio. Pocas veces se tienen en cuenta estos y otros rasgos que configuran una parte de nuestra actual gastronomía a la hora de responder a determinadas preguntas.
Permítame señalar por último uno de esos rasgos unidireccionales que pueblan nuestro paisaje gastronómico: el estatus económico y social de la gran mayoría de nuestros “ciudadano de a pie” les hace la “faena” de impedirle darse el “capricho” de acudir a comer, en unos casos, “croquetas”, y en otros, “esferificaciones”. Es decir, no creo que todos caminen según el imaginario de cocineros, críticos o comentaristas.
Saludos
Jesús:
Todo su razonamiento es bien respetable, no voy a ser yo quien quiera cambiarle su idea.
A un restaurante se va a alimentarse y, en mi caso, a algo más, a sentir,a ser feliz. ¿Nutricionalmente es un descalabro? Pues seguro, como tomarse un solomillo con foie, 250g de tortilla de patata, 50 espumas, eferificaciones, destilados, ……, beberse media botella de vino, tres cubalibres, tres litros de agua, 6 cafés, media tableta de turrón, dos tostadas de aceite pan tomate y butifarras,……..
Lo que hay que saber es qué significa para cada cual comer. Para mí no es sólo nutrirme. Eso intento hacerlo más de 300 días al año, sin perder el norte del disfrute. El resto, llámelo gula o chaladura….
Mire, quien engaña en cocina por ser un impostor, un ladrón, un caradura, es castigado por el cliente, que es quien paga y mantiene esos negocios, y ni todas las campañas publicitarias del mundo lo salvarán.
¿Quién está acabando con la herencia cultural? ¿La cocina de vanguardia?¿La cocina tradicional? Todo es opinable. Yo creo que sólo acaba con esa herencia cultural quien la maltrata.
¿Acaso los cocineros de vanguardia la maltratan? Acudiendo al arte al que dos contestaciones más arriba apela, ¿Picaso acabó con Goya, le fue infiel? Creo que no.
Y sí, estoy de acuerdo en que es complicado -para mí también- acudir a los “templos” gastronómicos de este país y no digamos ya de fuera de él. Pero cuando lo hago, porque tengo la suerte de ahorrar unas perras, me doy un homenaje. Hay quienes pueden día sí y día no, hay quienes no pueden ningún día, hay quienes no tienen ni lo más mínimo……. Bueno, éste es otro debate, en mi opinión, no gastronómico, más bien nutricional, de justicia social,……
Saludos
Completamente de acuerdo con El Pingue en toda su exposición. Ahora bien, me gustaría hacer una puntualización: una cosa es hablar de la cocina de un restaurante, cosa que en honestidad hay que hacer tras haberla probado y otra bien distinta es hablar de si un restaurante es, a priori, interesante o no. O lo que es lo mismo, no es igual decir “Santi Santamaría es un buen/mal cocinero” que “El plato X que Santi Santamaría sirve este año es un gran plato y está excelentemente resuelto”. La primera frase no exige, en mi opinión, un conocimiento directo de los platos concretos y la segunda si.
O lo que es lo mismo, si para creer que un restaurante es bueno o malo, merece más o menos reconocimiento, hace falta la experiencia directa previa mal vamos porque, al menos yo, nunca entraría en un restaurante, sobre todo de determinada gama de precios, sin tener una idea previa (un pre-juicio) de lo que me voy a encontrar allí, de si me puede interesar o no, de si en base a lo que he leido/visto/escuchado creo que su propuesta es interesante, etc. Y creo, además, que quien afirme no hacer lo mismo sencillamente miente.
Revisando mi post en cuestión sobre ese restaurante en el que no he estado leo textualmente: “No entraré aquí en los detalles de su cocina, que no he probado por falta de previsión en mi última visita a Girona(aunque tampoco he visto en persona todos los cuadros de Picasso y no creo que eso me inhabilite para hablar de ellos), pero si en que su papel como teóricos de la cocina de vanguardia, su trabajo fundamental y pionero en conseguir que el mundo del vino entre en las salas de los restaurantes no sólo como un complemento, sus aportaciones técnicas y en una labor editorial, de difusión y de investigación constante que es incuestionable y que muy pocos restaurantes del mundo son capaces de igualar”.
¿No es lícitio tener una opinión general sobre un cocinero/restaurante sin entrar en detalles de su cocina y dejando claro que la opinión en cuestión se basa en unos datos concretos y que falta uno -fundamental- que es el conocimiento directo de sus platos?
¿Cómo podríamo, entonces, decidirnos a hacer 500, 1.000 o 5.000 Km. para visitar un restaurante del que no tenemos un conocimiento directo previo?
En ocasiones tendemos a confundir opinión subjetiva con verdad absoluta.
Por otro lado, y en relación con alguna de las intervenciones más arriba publicadas en las que se alude a la relación arte/cocina de manera tajante, simplemente añadiría que si yo, como profesional del sector del arte, entrase con esa seguridad a expresar opiniones sobre el sector profesional de otro contertulio, a enmendarle la plana o a replicarle sin mayor argumentación -pongamos, por ejemplo, a un médico- no sólo se me acusaría de intrusismo sino que se me tacharía como poco de pedante e imprudente, cuando no de ignorante.
El problema aquí es que, por lo visto, para hablar de cocina (opinando, dejando claro que se trata de una opinión y exponiendo en qué se basa la misma) hay que cogérsela con papel de fumar, si se me permite la expresión, porque inmediatamente vendrán las críticas sobre tu falta de formación y demás, mientras que de arte, como de antropología, gestión del patrimonio, crítica y demás sabemos todos, tanto los que hemos estudiado como los que no. Y, claro, revisando las opiniones, incluso las de voces con mucho más renombre que la mía, que en ocasiones quedan publicadas en comentarios en los blogs se da cuenta uno de la cantidad de barbaridades que se escriben sin encomendarse a dios ni al diablo sobre temas como derechos de autor, estética, crítica y demás de los que, por lo visto, sabemos todos.
Opinión y verdad absoluta. Ahí está la diferencia. Medir una con los parámetros de la otra es siempre un error.
Gourmet de Provincias:
No se puede hablar de un restaurante si no se ha visitado y comido en él. Sí puedes decir que te parece interesante, que tiene una pinta estupenda y que tienes ganas de ir a visitarlo porque las críticas que has leído sugieren que es un lugar más que recomendable, porque lo que has visto en un congreso te ha parecido sugerente, …….. y “ardes en deseos” de sentarte en su mesa.
Sin duda para hablar de cocina hay que saber de cocina. Para lo que no hay que saber es para hablar de gustos, es decir, a mí me gusta más o menos cocido, más o menos hecha la carne, más o menos espesa una salsa, me gusta y estoy rendido a tal o cula restaurante. Pero para hablar técicamente de si una salsa está bien o mal, si un helado está bien o mal “mantecado”, un servicio de sala es profesional o atropellado, la bodega es buena o mala, hay que tener formación. Yo no tengo formación en vinos, sólo puedo hablar de si me gusta, de a qué me sabe, de si creo que es así o “asao”, pero difícilmente puedo hablar enológicamente si no he estudiado enología ……
La crítica y la crónica gastronómica está basada sobre gustos y manías personales de quien las hace. Es por esto que todos podemos hablar, pero de gustos.
Es tan sencillo como que al comer un plato el cocinero le ha dado una cocción, una presentación que considera oportuna….. Un cronista o un crítico jamás podrá decir si aquello es profesionalmente malo o mal hecho, tan sólo podremos decir si nos gusta o no, por esperpéntico e infumable que sea. No hablo de errores, de si “una mahonesa está cortada o un sorbete deshecho y con sabor a cámara”, hablo de técnica.
Jorge. Esa misma crítica que haces a quien habla de arte, de su gestión, antropología,…., es aplicable a la cocina. Sólo si se ha estudiado y se es profesional se puede hablar de técnica, pero sí se puede hablar de gustos.
A mí, personalmente, me interesa más hablar de gusto, me parece más interesante.
Como dijo Pedro Subijana, “los cocineros somos profesionales del gusto”. Imagino que esto mismo se podrá aplicar a otras faenas de la vida.
Saludos.
Gurmet:
En la frase “En ocasiones tendemos a confundir opinión subjetiva con la verdad absoluta”, este “tendemos” se refiere a los que participamos en este blog o a otros grupos de opinión. Lo digo porque el dominio de aplicación de esta premisa podría llevar a conclusiones dudosas. Por cierto, ¿se trata de una opinión o de un comentario?
Comentario, por supuesto (juicio, parecer, mención o consideración que se hace, oralmente o por escrito, acerca de alguien o algo), aunque si he de ser sincero también encierra mi opinión al respecto. Y la frase se refiere a todos, a mi incluido.
Un amigo me ha señalado lo que ha escrito en su blog “Existen los restaurantes fantasma? Con mucha probabilidad existen los restaurantes fantasmas pero tambièn existen las personas desinformadas. Usted me acusa de haber insertado en la Guida dei Ristoranti del Gambero Rosso 2010 la reseña del restaurante La Antica Cascina Lenga en la provincia de Brescia destruido por un incendio en el año 2007 . Bueno, aùn siendo una periodista de la casa editorial Gambero Rosso (que edita una revista mensuel, varias guias, web e tiene su propria tv) , no partecipo de ninguna manera a su trabajo. No soy la directora ni tanto menos una colaboradora como Usted mismo puede controlar mirando el colphon de la Guia. Como ve, tambièn Usted podia controlar…!
Para lo que concierne Ravello yo me encontraba allí para hacer mi trabajo de cronista y habiendo sabido de su almuerzo reservado a un pequeño grupo de personas he simplemente pedido de poder partecipar. No veo nada de mal en esto. Cualquier cronista lo hubiera hecho. Me contesteron que no y yo de cada manera he hecho la cronaca de ese dia.
Usted evidentemente viò cosas equivocadas.
Lo que yo he visto lo he escrito en mi reportaje Raffaella Prandi
http://www.gamberorosso.it/article?id=210081&product=1763
Estimado Santi, no fue Raffaella Prandi que escribiò sobre este restaurante cerrado, tus informaciones son incorrectas.
Yo soy de esos que escriben sobre restaurantes, amado por unos y odiado por otros, y sí, los puntuo. Sin intentar que parezca justificarme, me pre-defiendo, cree la web con ánimo particular sin pensar en ser de ayuda más que para mis amigos y conocidos, de hecho nunca he sacado una foto mía en mi web, puede parecer una tontería, pero no lo es. Durante este pasado 2009 visité 48 restaurantes distintos, y los comenté en mi blog. De hecho no visitaría nunca un restaurante del que luego no pudiera expresar mis opiniones, pero igual digo que jamás, jamás, se me ocurriría opinar de un restaurante que no he visitado, me parecería una aberración, o más bien un intento de “sacar tajada” de mi éxito en internet, y creo que perdería todo el crédito hacia mis lectores, desde luego yo no creería mucho en alguien que opina de un restaurante por oídas, vamos que yo mismo me vería como un aprovechado.
Ojo, que lo primero que digo siempre es que hay que leer muchas opiniones distintas para hacerse idea que algo, y la mía es sólo una más, como el resto.
Un saludo.
Muy interesante todo el debate, pero me parece que no se visitan ni la mitad de los restaurantes que se puntúan en las guías…
Un saludo ;)
Debate!