Al consultar el diccionario de sinónimos el adjetivo “efímero”, encuentro los siguientes; breve, fugaz, momentáneo, pasajero, perecedero. Siempre he oído decir que la cocina es un arte efímero, pese a que en nuestro cerebro existe un espacio reservado a la memoria, es decir, al recuerdo, evocación, retentiva. En cierta ocasión, al ser preguntado sobre cuándo daba por finalizado un plato, contesté instintivamente que en el momento en que el comensal se lo ha comido. Después reflexioné al respecto y mi respuesta ya no me pareció tan adecuada: si bien un plato se acaba materialmente cuando el comensal se lo ha comido, éste guarda en su memoria unos recuerdos relacionados con el plato que no desaparecerán hasta que se borren de su memoria. En algunos casos, puede que las emociones asociadas con un plato perduren hasta la muerte. La memoria y la subjetividad son la garantía de que no existan dos platos iguales, aunque el cocinero repita escrupulosamente la misma receta.
Hace ya varias décadas que nuestra sociedad, en su afán constante de consumo, se dedica a ensalzar lo efímero. La cocina, en tanto que productora de objetos materiales efímeros (aunque no lo sean las sensaciones que produce, como hemos visto), se adecuó a las nuevas tendencias en el ámbito de la restauración y también en el de la práctica doméstica. Y, por consiguiente, si antes podíamos decir que éramos lo que comíamos, hoy somos lo que desechamos. En la basura está el test de nuestra conciencia y los deseos por una sociedad más equilibrada.
Hace años me enteré con horror de la existencia de una extraña enfermedad llamada progeria, envejecimiento prematuro, que afecta a uno de cada ocho millones de niños y niñas, y que ocasiona la muerte a sus víctimas normalmente antes de los trece años de edad. Alvin Toffler utilizó metafóricamente esta terrible dolencia para hablar del envejecimiento acelerado de todo lo consumible.
Todo lo material es efímero, y para muchos incluso los recuerdos desaparecen con uno. Pero la realidad cultural de la cocina permite ir más allá de la materia, en el terreno del espíritu, para establecer una relación más fructífera entre el ser humano y su tiempo. Esta mañana, al contemplar en un árbol los caquis de color anaranjado en el patio del monasterio de Poblet, siento el deseo de elaborar una cocina más acorde con el ritmo biológico marcado por la estacionalidad. Ni cerezas en invierno, ni guisantes, ni habas antes de tiempo. Lo efímero es una realidad inevitable, escoger los frutos maduros es una opción para disfrutar de toda la libertad propia de la naturaleza humana: bien ganada, seguro que nunca es breve.
7 comentarios a "Efímero"
Amigo Santi. Te felicito por esta iniciativa, confiando que abres una puerta de par en par, sin censuras, y sin que al traspasar la puerta no nos encontremos con un “patio de Monipodio” culinario.
Cuánto se sufre si se ve un post con cero comentarios!. Por eso entro aquí, para que te animes. Pero también porque cuando veo que aparece el concepto de “efímero” (tema que da de sí para mucho)y lo contrapesas con memoria, recuerdos, emociones, etc. me pongo en guardia. Creo que el acto de cocinar-pase lo que pase luego- tiene un componente “efímero” que es clave para entender la cocina. Déjame que cite a tu amigo, espero, Alain Ducasse con un fragmento del magnífico artículo que publicó en Le Figaro (lo advierto) tras el suicidio de Bernard Loiseau: “La haute gastronomie est une combinaison périlleuse. D’un côté, il y a ce que voit le public : le faste du décor, un service irréprochable et des saveurs extraordinaires. D’un autre côté, il y a une pression incroyable. En effet, par nature, un chef est toujours sur la corde raide car il (ou elle) doit réussir à chaque service, pour chaque client, à chaque plat, une prestation d’exception. La haute gastronomie, c’est à la fois le direct sitôt commandé, sitôt préparé et l’éphémère sitôt préparé, sitôt consommé. A chaque plat servi, le chef se remet en jeu tout entier. Je ne crois pas qu’il y ait un seul chef qui échappe à cette angoisse quotidienne inhérente à son métier.”
No lo traduzco, pues no sé dar en castellano la fuerza que tiene en francés.
Suerte.
Felicidades Santi. Tengo la oportunidad de conocerte y sabes que te considero un artista y a la vez una gran persona. creo que esta es una oportunidad para que muchos puedan compartir este privilegio. Bien por lanzarte a la blogosfera. te pongo entre mis recomendados!
tienes razón en lo de que la cocina no es un arte efimero, puesto a que las sensaciones que esta produce se queda grabada en la memoria, recuerdo una vez que mi madre se metio a cocinar un guiso de ternera, nuca lo hacia, es mas creo yo sin vacilar que fue la unica vez que piso la cocina, mas ese guiso, fue magistral, todavia al recordarlo, puedo saborearlo e incluso olerlo,y eso que fue hace 15 años, los seres humanos tenemos la capacidad de recordar olores, sabores y demas sensaciones.
por su puesto que es mucho mejor ir al ritmo que nos marca la naturaleza, no es lo mismo una fruta quitada del arbol y madurada en caja, que madurada en el arbol, ahí con los rayos del sol dandole diariamente,la diferencia es abismal, pero claro el consumismo monstrual es lo que tiene, si la gente quiere comer un producto fuera de temporada y hay alguno que lo da, el publico ira seguro a ese que lo da, pero la diferencia amigo mio, es que ese cocinero caera en lo efimero, en el olvido, el cliente despues de pedir la cuenta y salir del restaurante, ni se molestara en comentar lo que comio, fue un dia más de su alimentación, ni mas ni menos.
dicen por ahi, algunos gastronomicones, que la gastronomia de temporada es volver a la edad media, a consumir lo que se cosecha en la epoca que marca el calendaria.
desde muy pequeño,me han encantado las “tagarninas”(un vegetal verde de aspecto parecido al esparrago silvestre,aunque este vegetal del que hablo, tenia como pelillos que pinchaban)mi madre, a la que quiero con locura por preparame manjares dignos de un raja, me las preparaba revueltas con un huevo y taquitos de jamon, como ya he dicho, me encantaban, siempre se lo pedia, aunque muchas veces me decia: “jose no ha llovido y que no es su tiempo para recogerlas” yo me enfadaba con ella, pero ahora lo entiendo, y le doy las gracias por educarme y enseñarme algo que muchos nunca entenderan…
Efímero sí, pero eterno también…
Todo, como la vida en sí misma, es efímero. Sin embargo, el ser humano es el único ser vivo capaz de transformar lo efímero en eternidad a través de la inteligencia. La cocina en sí misma no es efímera, depende de la subjetividad y la memoria del comensal y de la habilidad y pericia del cocinero creador.
Así pues, nos preguntamos…cuál es la diferencia entre un momento efímero y pasajero(un triste y rápido menú de lunes mediodía) a un recuerdo permanente y eterno(los macarrones de la abuela)? Parece que quien tiene la respuesta es el gran poeta Marcel Proust, quien a través de su tan recordada y sublime metáfora de la madalena nos conduce hacia el camino de la perpetuidad. Son las emociones y los sentimientos que se asocian al momento de la degustación culinaria los que toman importancia. Es decir, lo esencial no es el trozo de carne material sino su olor, su textura, su jugosidad, su voluminosidad, su color, su ritmo… todos los aspectos tangibles e intangibles que provocan una reacción al comensal. Como ejemplo ilustrativo podemos pensar en el momento en que el Proust adulto percibe el olor de las madalenas de cuando era niño ya que la reacción química que hay en su cerebro va mas allá del hambre, Proust no piensa en el simple hecho de saciar el instinto humano del hambre sino en lo eterno y trascendental que es para él el olor de la madalena.
La cocina en sí misma es un arte y como tal, puede hacer que lo material (el trozo de carne efímero) se convierta en algo eterno y libre.
El hombre es el único animal que tiene conciencia y por consiguiente sabe o mas bien debería saber que todo es efímero. La realidad es un truco de los sentidos que permite ponernos de acuerdo con la naturaleza para sobrevivir en ella. Comer y beber como tantas otras, son experiencias sensitivas complejas que somos capaces de evocar de forma caprichosa con mayor o menor intensidad según las circunstancias que concurren y que concurrieron en su momento. Las imágenes que guardamos son una lucubración de la mente, eternas para nosotros mismos. Son una ilusión que nos dá la esperanza de trascendencia y eternidad y que es necesaria para muchos a fín de evitar el reconocimiento de la duda. Un juego interesante, a veces cruel que lleva a la fé o a la desesperación de la indiferencia. En fin, todo puede ser real mientras creamos que así es.
La verdad que buena parte de nuestras vidas es efímera, es más, la vida es efímera en si mismo, por lo que pienso que los aromas y sabores que uno evoca son solo el ciclo que nos acompañada en lo efímero de la vida misma.
Ahora bien, cada experiencia tiene su grado de inmediatez, como no creo en nada eterno solo creo en los ciclos, pienso en los ciclos que tiene la magia de lo efímero, mientrás tanto disfruto antes de que termine todo!